viernes, 17 de octubre de 2014

LA CALUMNIA DE APELES

LA CALUMNIA/© Por Luis Edgar Cutiva G.
   Basado en la Pintura “La Calumnia” de Boticelli


Cuando se produce una calumnia el universo se conmueve absolutamente todo. Los movimientos son repentinos y los daños son tan grandes que hubiera sido mejor no haberla pronunciado jamás. Cristo mismo fue calumniado, es por ello que Él, como la verdad, es juez de este terrible acto. Entonces… 

La Verdad, cubriéndose su sexo con su larga cabellera y con la mano izquierda, eleva su mano derecha e invoca a todos los poderes del cielo para que se repare esa injusticia. Ella no distingue sexo en la ejecución de la verdad.

La Compunción del calumniado se esconde, como la profunda tristeza y la angustia; detrás de negros ropajes, contemplando turbada a la verdad.

Como un Hombre joven arrastrado de sus cabellos por el suelo, así es la inocente víctima de la Calumnia. Desnudo porque no tiene nada que ocultar, no le resta más que adoptar la actitud de implorar, al cielo, para que se ponga fin a esa injusticia.

La calumnia le agarra por el cabello, con una antorcha en su mano; porque la calumnia se expande tan rápido como el humo del fuego y arrastra al inocente sin dejarle levantar.

Dos bellas jóvenes trenzan los cabellos de la calumnia con una blanca cinta: Le impostura –la exageración- y la perfidia, inseparables compañeras de la calumnia que bajo su apariencia pura como la cinta blanca, dulce y serena, destrozan a la víctima.

La calumnia es sujetada firmemente por la mano derecha del Odio, quien se viste de traje oscuro y mira fijamente al rey de manera acusadora y le señala.

Cualquier persona ante quien se lleva una calumnia y no hace nada por detenerla, se convierte en un rey; entonces el odio, que centellea a través de los ojos del acusador lo señala intimándole a que no actúe y forme parte del injusto acto. Al hacerlo, le tiende la mano al odio y sus oídos se alargan a los consejos de la ignorancia y la sospecha. Entonces sus orejas se ven como de burro, porque así ha actuado y no será tomado por inocente.

Medita en el daño de la calumnia y no la practiques jamás en tu vida, ni permitas abrirle las puertas de tu corazón cuando el odio toque a su puerta. Despáchala inmediatamente y ciérrale la puerta antes que los consejos de la ignorancia y la sospecha; y los sutiles y alargados encantos de la dulce y serena perfidia, no te dejen escuchar la verdad y resultes tendiendo tu mano al odio para arrastrar por el suelo a la inocente y desnuda víctima.

De cierto serás igualmente condenado.


Luis Edgar Cutiva G. © 17-10-14 © 

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