A todo vehículo, hay que echarle gasolina, según como se use, cada día, cada dos días o máximo cada tres días. Así sucede con nuestro vehículo físico, el cuerpo, hay que echarle gasolina según como se use, cada día, cada dos días o máximo cada tres días.
La gasolina para nuestro cuerpo o vehículo físico se aporta mediante la nutrición; y el alineamiento y balanceo, mediante los ejercicios de respiración, meditación, reiki y/o yoga.
La gasolina para nuestra mente es el conocimiento, la sabiduría y las ondas mentales superiores, alfa, tetha y delta que se aportan mediante programas especializados de audio que abren ventanas de frecuencias que nos permiten resonar en armonía con el campo electromagnético de la Tierra y fluir con el universo que nos rodea; se requiere para que funcione, una conexión sagrada, cada día.
La gasolina para nuestra alma y nuestro espíritu son los estados de paz, la armonía y la conexión sagrada con Dios y sus jerarquías espirituales que se aporta máximo cada tres días para poder fluir y nutrirnos con la fuerza espiritual necesaria para hacer frente a las adversidades de la vida.
Lo ideal es una nutrición espiritual y álmica diaria ya que cada día agotamos gran cantidad de recursos espirituales para fluirnos en este caótico mundo de dualidades y sin los cuáles sería casi imposible continuar viviendo este proceso de ascensión y transformación.
Tan solo así podríamos estar completamente seguros de que nuestra vida destilará lo mejor de la sustancia del universo y de Dios para darnos cada día aquello que deseamos.
De lo contrario continuaremos en una vida de altibajos, de hoy si y mañana no, de luchas y dificultades porque renunciamos a abrazar la vida diariamente o al menos cada tres días con la conexión sagrada con Dios y sus jerarquías. Y seremos como un carro que nos deja botados a medio camino porque le falta gasolina, o le falta aceite, o le falta agua o le falla el motor. Y así seremos esclavos de los mecánicos que para nuestro cuerpo, nuestra alma y nuestro espíritu, pueden ser los médicos, terapeutas y parasicólogos.
Así la conexión sagrada que como máximo se debe realizar cada tres días, serán la gasolina, el aceite, el agua y la rectificación del motor de nuestra vida material y espiritual que nos garantizarán que llegaremos seguros, confiados, felices y con todo lo necesario al final de nuestro viaje. Y nuestro mismo viaje cada día será más placentero y feliz. Y así es. Yo Soy, el que Yo Soy, el séptimo de la dinastía Ka, K7. Y así es.
La gasolina para nuestro cuerpo o vehículo físico se aporta mediante la nutrición; y el alineamiento y balanceo, mediante los ejercicios de respiración, meditación, reiki y/o yoga.
La gasolina para nuestra mente es el conocimiento, la sabiduría y las ondas mentales superiores, alfa, tetha y delta que se aportan mediante programas especializados de audio que abren ventanas de frecuencias que nos permiten resonar en armonía con el campo electromagnético de la Tierra y fluir con el universo que nos rodea; se requiere para que funcione, una conexión sagrada, cada día.
La gasolina para nuestra alma y nuestro espíritu son los estados de paz, la armonía y la conexión sagrada con Dios y sus jerarquías espirituales que se aporta máximo cada tres días para poder fluir y nutrirnos con la fuerza espiritual necesaria para hacer frente a las adversidades de la vida.
Lo ideal es una nutrición espiritual y álmica diaria ya que cada día agotamos gran cantidad de recursos espirituales para fluirnos en este caótico mundo de dualidades y sin los cuáles sería casi imposible continuar viviendo este proceso de ascensión y transformación.
Tan solo así podríamos estar completamente seguros de que nuestra vida destilará lo mejor de la sustancia del universo y de Dios para darnos cada día aquello que deseamos.
De lo contrario continuaremos en una vida de altibajos, de hoy si y mañana no, de luchas y dificultades porque renunciamos a abrazar la vida diariamente o al menos cada tres días con la conexión sagrada con Dios y sus jerarquías. Y seremos como un carro que nos deja botados a medio camino porque le falta gasolina, o le falta aceite, o le falta agua o le falla el motor. Y así seremos esclavos de los mecánicos que para nuestro cuerpo, nuestra alma y nuestro espíritu, pueden ser los médicos, terapeutas y parasicólogos.
Así la conexión sagrada que como máximo se debe realizar cada tres días, serán la gasolina, el aceite, el agua y la rectificación del motor de nuestra vida material y espiritual que nos garantizarán que llegaremos seguros, confiados, felices y con todo lo necesario al final de nuestro viaje. Y nuestro mismo viaje cada día será más placentero y feliz. Y así es. Yo Soy, el que Yo Soy, el séptimo de la dinastía Ka, K7. Y así es.
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